miércoles, 30 de diciembre de 2009

Leonardo da Vinci y las técnicas pictóricas

La época del renacimiento fue un período de grandes descubrimientos y novedades técnicas, que también afectaron en el ámbito artístico. Las técnicas pictóricas son una constante evolución e innovación a lo largo de la historia. Desde la antigüedad se conoce la pintura en su modalidad de aglutinante, pigmento y disolvente. La pintura al temple fue el primer medio pictórico que reunió íntegramente tales características. Durante el Renacimiento fue el principal medio de la época. Cennino Cennini la perfeccionó y dejó el registro de su método en el Libro dell arte.
Pero la pintura al temple no fue la única usada entre los pintores renacentistas. Durante la época moderna se extendió el uso del oleo, que llegó desde Flandes, y la pintura al fresco.

Leonardo da Vinci (1452-1518) se pasó toda su vida intentando inventar nuevas técnicas pictóricas y de mejorar las convencionales, no con demasiado éxito. Sus cuadernos de apuntes contienen fórmulas hechas por él. También dejó escrito como extraer la resina de los cipreses y de las ginebras para la elaboración de un barniz con aceite de nuez. Su invención de pasteles de colores, basados en la mezcla de pigmentos de cera, abrió nuevas posibilidades artísticas. Durante su estada de aprendizaje en el taller de Andrea del Verrocchio ya experimentó con la técnica de la pintura al oleo, que por el entonces era nueva en Italia.

En la obra del Baptismo de Cristo (1473-75) de Verrocchio, no hay duda que Leonardo participó. A él se le atribuyen un ángel y el paisaje. Ante la rigidez que producía la pintura al temple, en que los cuerpos pintados parecían no tener vida, Leonardo optó por usar la técnica al oleo, una apuesta muy arriesgada pero que gustó mucho a la vez que sorprendió.
Al pintar el ángel al oleo, consiguió unos colores más vivos y un aspecto más real. El ángel parece formar parte de un mundo de fantasía. La cabeza del ángel de Leonardo nos revela una perfección ideal en cada línea de la nariz, los pómulos y el mentón. La cascada que forma el cabello del ángel, al caer en ondas sobre los hombros, consigue un volumen y una vivacidad gracias al oleo que no consigue el resto de los personajes de la obra. A parte del ángel también retocó la figura del Cristo con esmaltes al oleo. La vivacidad y la delicadeza con la que moldeó el cuerpo de Jesús, de carnaciones agradables, finas y delicadas, contrastan con la imagen ruda y tosca de San Juan Baptista de Verrocchio. Por otro lado, el paisaje del fondo de la obra, que es un espacio con profundidad y que a medida que se aleja va perdiendo su definición, la vegetación, el rio… es, sin ninguna duda, obra de Leonardo.

A pesar de que el estado de conservación de sus cuadros al oleo sea bueno, no ocurre lo mismo con sus pinturas murales, como La última cena o La batalla de Anghiari, que se encuentran en un estado lamentable, o, sencillamente, se han perdido. De esta forma el intento de Leonardo de hallar una técnica perdurable de pintura mural fracasaron.



La Batalla de Anghiari, esbozo realizado por Rubens a partir del fresco de Leonardo


Para La Batalla de Anghiari estuvo dos años preparando esbozos. Su realización estaba programada para la pared de la Sala Grande del Palazzo Vecchio. Para hacerlo Leonardo experimentó con una técnica poco habitual, una especie de encausto con aglutinantes cerosos que conocía a través de una obra de Plinio el Viejo. Para desgracia solo se conservan dibujos preparatorios i copias parciales de esta pintura mural, puesto que la obra desapareció cincuenta años más tarde cuando se volvió a pintar la sala.


La Última Cena, Leonardo da Vinci


Para La Última Cena, igual que La Batalla de Anghiari, Leonardo ideó un nuevo método de pintura de tiempo más prolongado en su obra, como si se tratara de una pintura al oleo. La pintura al fresco precisa tener toda la obra ya ideada, cosa que no iba nada con la manera de ser y hacer del inconstante e indeciso artista, dado siempre a la improvisación. Según los restauradores usó pigmentos al oleo y al temple sobre un fondo de resina y cola. Esto, según los cálculos de Leonardo, le daría la opción de pintar al fresco incluso cuando el fondo estuviera ya seco.
Pocos años después de terminar la pintura empezó a estropearse y agrietarse. El año 1517 Antonio de Beatis ya indicaba que, al margen de ser una obra excelente, había empezado a estropearse a raíz de la humedad de la pared o alguna otra causa desconocida. Giorgio Vasari la vio en 1556 y pudo comprobar que la obra se encontraba muy deteriorada y que, tal como la describió, estaba "tan mal conservada que no queda nada visible, sino una masa de manchas".

En los siglos siguientes se multiplicaron las protestas por la degradación cada vez más inquietante de la pintura. Scanelli escribió en 1642 que solo quedaban unos cuantos trazos de las figuras originales, y que solo con gran esfuerzo se podían identificar los personajes.
La indolencia, las inundaciones y los daños bélicos de siglos posteriores hicieron el resto. La pintura comenzó a saltar y a formar floritura sobre la superficie.
Después de incontables restauraciones en los últimos 250 años, la mayoría de las cuales no ha hecho más que perjudicar aún más la pintura, en la primavera de 1999 concluyó la última restauración, cuya durada ha estado de 20 años. Los retoques y las capas de suciedad se han eliminado en su totalidad, y han rellenado los espacios vacios con estuco y sombreados en acuarela, que pueden eliminarse en cualquier momento. La pintura actual presenta unos colores más vivos que los de antes.

4 comentarios:

  1. Tía!
    Quan has escrit això? Ho he vist de casualitat!
    Q bé q escrius, nena, quina enveja!

    Un petonet!
    Muak

    ResponderEliminar
  2. me gusta mucho la pag.. :D

    ResponderEliminar
  3. Excelente investigación. Gracias y Felicidades!

    ResponderEliminar